¿Por qué Ud. cree en lo que cree?
Las creencias son CONDICIONAMIENTOS que nos inculcan desde la mas tierna infancia, cuando aún somos una tabula rasa e indefensos ante el embate de cualquier ideología introducida en nuestro bio-ordenador cuyo hardware es el cerebro y el cuerpo a través de un programa (software) que se expresa por lo que llamamos mente.
Así por ejemplo; si una persona nace en Arabia, en Irán, Argelia, Afganistán, etc. Lo más probable es que sea musulmán y lector del Corán. Adoradores de Krishna en la India. Mormón o Testigo de Jehová si nace bajo el alero de una familia que profesa esa religión. Ateo si hubiera nacido cuando existía la URSS. Y así sucesivamente.
Las creencias no son necesariamente una verdad, pues se oponen unas a otras. Es más bien para encubrir nuestra falta de coraje y de valor para encontrar la verdad en el universo, en nosotros mismos y por nosotros mismos. Es que deseamos un camino fácil, algún mapa, un guía, un mesías, un salvador. Todas las religiones tienen su origen en el miedo. Miedo a aquello que nos parece extraño, o a lo que nos provoca angustia, miedo al fracaso, a lo inseguro, a la soledad, al no ser aceptado socialmente, miedo a lo que no podemos comprender, controlar y miedo a la libertad, etc. Y el miedo principal de todos, el miedo a la muerte, esa certeza de que algún día vamos a desaparecer para siempre de la faz de la tierra sin la convicción de que talvez no continuemos viviendo en un más allá. Esta es la causa principal de todos nuestros temores, porque nuestra mente desee perpetuarse, continuar, eternizarse y es por eso que se crea una necesidad de creer, necesitamos de algún dios o nirvana, para no sumirnos en una angustia o depresión existencial. Es por eso que el ser humano tiene miedo a la libertad, porque esta libertad demanda compromiso de encontrar las respuestas por si mismo y no en alguna Biblia, Corán, Bhagavad-Gita, etc. Evadimos esta responsabilidad de ser libres por la falsa seguridad que encontramos en un dios creador y compañía Ltda. (Colectivos religiosos).
La creencia en un supuesto dios con toda su gran parafernalia; ángeles, demonios, cielo, infiernos, pecadores y santos, karma y reencarnación y cuanta porquería es capaz de imaginar la mente humana. Cumple sin embargo al otorgar un cierto sentido a la vida de aquellos que producto de su inmadurez, su infantilismo necesitan imaginarse un padre protector y consolador. Incapaces de confiar en si mismo, por haber sido manipulados desde niños, apabullados por la inmensa presión que han ejercido sobre su psique, pero mas sobre su cuerpo, los programas religiosos que cuentan con siglos de experimentación y que se ejercen utilizando las fuerzas vivas de la sociedad; los padres, el colegio, los sacerdotes ,los políticos y el mismo Estado cuando es necesario.
Una vez condicionados, nos volvemos cómplices del sistema, y esa es una de las cosas más negativas y lastimosas que nos ocurren, desde luego sin tomar consciencia plena de este hecho. Entonces deseamos que los demás sean como nosotros, que transiten por el mismo camino “recto” establecido. Repitiendo lo que a su vez hicieron nuestros padres con uno. Si fuera posible educarlo en el mismo colegio, asistiendo a la misma organización religiosa y participando activamente en ella (catequesis, estudio de la Biblia, rituales, ceremonias, peregrinaciones, cruzadas, trabajos misioneros y otras actividades sociales tendientes a socorrer a nuestro prójimo desvalido, etc.). Acciones que tienen como objeto terminar de moldear nuestro cerebro y darnos un sentido de trascendencia y magnificación. Así por lo menos era en el pasado. Actualmente solo las clases más pudientes de la sociedad pueden seguir con esta tradición. Un ejemplo de ello lo tenemos en la gente que pertenece al Opus Dei. Para no arriesgarse, esta secta católica, ha creado sus propios colegios y sus propias universidades. Estos grupos ultra conservadores son los que están complotando para tratar de alguna manera de controlar la red.
Ahora, la otra pregunta que se nos plantea: ¿Puede el ser humano funcionar sin ningún tipo de condicionamiento sea este religioso, filosófico, político o de cualquier otra índole?
Hay quienes sostienen que tal cosa es imposible. Como ateos no podemos recurrir como es lógico a ninguna fuente metafísica o espiritual para explicar este fenómeno. Es la ciencia la que se encargará de resolver este enigma. A nuestro parecer la medicina se esta acercando cada día mas a una resolución al respecto. Al descifrar nuestro código genético, y el sistema endocrino donde se guardan las claves de la supervivencia y la conducta humana.
Debemos estar atentos que dichos conocimientos no caigan en manos inescrupulosas y se utilicen a su ves para manipular al ser humano convirtiéndolo en un mero robot al servicio de las grandes corporaciones internacionales cuya influencia en el mundo globalizado es cada día mayor, y un resultado de sus mismas visiones empresariales. Donde primero esta el lucro, antes de cualquier consideración social y humanista, y ni que decir del tema ecológico. Donde el ser humano, al igual que las organizaciones religiosas, vale más como rebaño que como individuo.
Pensamos hasta ahora, que nadie deja al infante sin condicionar. Aunque los padres no se lo propusieran, los niños siempre tienden a imitar a sus mayores y lo peor es que tratamos de imponer una creencia mucho antes de que ellos empiecen a inquirir por si mismo, matando su inocencia. Si ellos no lo hicieran la escuela se encargaría de hacerlo. Si no fuera la escuela, la radio, la televisión o algún otro medio audio visual, algún líder carismático, un escritor GURÚ, y por supuesto la religión local organizada. Nuestra propuesta, es que los padres y la sociedad en su conjunto respeten la libertad del infante hasta que este sea capaz de decidir por si mismo, sin presiones de ningún tipo, la adherencia a alguna creencia o ideología en particular. Ortega y Gasset decía: Siempre que enseñes, enseña a DUDAR de lo que enseñas.
También se nos enseña a creer que si logramos comprender un fenómeno o si logramos describirlo en forma intelectual, obtendremos CONTROL sobre el, como si leer sobre equitación equivale a galopar o leer sobre natación equivale a saber nadar. La repetición reiterada y majadera sobre conceptos abstractos como el de dios, el alma, satán, reencarnación, u otros más directos; como virtud, amor, compasión, abnegación, sacrificio, etc. nos da la falsa sensación de que conocemos de lo que se trata. Esta es una de las técnicas más antiguas de programación. La oración es otra. ¿A quien vas a rezar si no hay nadie allí ‘? El que reza se escucha a si mismo, y se está auto programando en la vana esperanza que sus oraciones sean escuchadas por algún santo o por el mismísimo Dios. Volveremos sobre este particular, en otro ensayo.
Para finalizar reiteramos que las creencias son un mecanismo sicológico sin el cual muchas personas vivirían su vida de manera traumática, al no poderla dotarla de sentido. Demuestra como aseveramos inmadurez, prejuicios, y temor ante los desafíos impredecibles de la vida. Por eso necesitamos de un padre protector que nos dicte lo que debemos y no debemos hacer, con la política infantil de los premios y castigos divinos, preparándonos para la vocación del sometimiento. Por eso las religiones se avienen tan bien con las ideologías políticas, porque en lo medular, ambas apuntan a lo mismo, la OBEDIENCIA. Además las creencias son gratis y muy fáciles de encontrar. Tampoco demanda grandes trámites cambiarse de una religión a otra. Siempre somos bienvenidos, y mas aún si Ud. Tiene una abultada cuenta bancaria. En lo principal no demanda un gran esfuerzo intelectual al respecto. Al contrario toda duda razonable que nace del libre ejercicio del recto pensar y justo entender como dicen algunos juristas, parece estar en directa oposición con lo que se define como fe.
¿Cree usted en la existencia de la luna, el sol, el universo o en la tierra en la que ahora usted esta pisando?, indudablemente que no. Son cosas evidentes por si mismas. Creemos en algo, porque simplemente no existen, ¿Sino que necesidad habría de creer?
jueves, 23 de julio de 2009
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